Comenzar una entrada de esta forma es toda una declaración de intenciones. Está claro que quien tiene la culpa no es otro que el propio sistema. Pero ¿de qué estamos hablando? El 29 de abril tuvo lugar la última jornada del V Congreso Internacional de Enfermería de la Infancia. en la misma, el tema estrella era la«Seguridad del Paciente» en la población pediátrica. En las conferencias y ponencias, el Comité Organizador y científico se proveyeron de suficientes ponentes expertos en sus diferentes especialidades.
En la primera conferencia, la doctora Pérez habló sobre un proyecto de investigación dirigido a las segundas víctimas y terceras víctimas. Hablaremos en especial de las segundas víctimas. Se denomina así al profesional que se ve involucrado en un evento adverso (EA) inevitable y que queda traumatizado por esa experiencia. Este nuevo área de trabajo pretende, no solo desmitificar la culpa personal de un EA, si no que, además advierte que el profesional involucrado debe ser tratado como una víctima más. Por tanto, como nos recordó la dra. Pérez, no se trata de buscar culpables (ya nos culpamos nosotros suficiente) si no que se trata de ayudar a todas las víctimas (niño, profesional e institución) para reducir y evitar la aparición de nuevos EA. En la misma herramienta web del proyecto de investigación (donde hay que registrarse para utilizarla) también podemos encontrar vídeos demostrativos sobre cómo deben ser comunicadas la aparición de EA a los familiares o a la propia víctima, intentando enseñar qué actitudes no se deberían realizar.
Esta herramienta es más fundamental cuando leemos la valoración realizada de una encuesta sobre la formación y recursos derivados a prevenir o atender a las segundas víctimas. Desde upppediatria.org recomendamos la lectura de su página web para darnos cuenta de la magnitud del problema. Solo dejaremos el dato de que más del 50% de los profesionales sanitarios se han visto involucrados en la aparición de un EA con consecuencias muy graves para la población atendida. Este dato y la metodología utilizada en la encuesta sugieren que todavía puede ser mayor el número de profesionales que hayan sido segundas víctimas.
Entre otros temas, también se trataron las relaciones laborales entre las diferentes disciplinas sanitarias. De la importancia del equipo, su concepto, clasificación e integración de los usuarios finales en el mismo. En nuestro caso hablaríamos del niño/ niña y su familia. Para alcanzar el objetivo de “Seguridad Total” como un Derecho del Niño Hospitalizado no basta con realizar intervenciones aisladas sobre algún EA, es necesario un cambio estructural de las políticas de salud de cada Servicio de Pediatría. Esto solo se puede conseguir a través del cambio de relaciones entre profesionales pasando de una relación de base jerárquica a una relación de base transdisciplinar. Es decir, donde enfermeras pediátricas, pediatras, auxiliares, celadores, farmacéuticos, fisioterapeutas, trabajadores sociales, psicólogas puedan consensuar la mejor estrategia de prevención de EA y promoción de la formación de cada agente de salud, incluyendo en su equipo al propio núcleo familiar (teniendo en cuenta su voluntad, capacidad de decisión y opinión).
Hasta ahora el método tradicional-jerárquico no realiza una prevención proactiva y consensuada entre los agentes implicados. Existe una figura que manda y otra que realiza la acción mandada sobre un “paciente”. Este método no ha sido sujeto a estudios sobre su efectividad. No ha demostrado su poca efectividad pero tan solo preguntémonos cómo se realiza la prevención de EA en nuestras unidades de pediatría y quién lidera la mejora de la Seguridad del “paciente”.
Las actuaciones sanitarias proactivas ya han demostrado su efectividad y son las basadas en la actuación de un equipo transdisciplinar donde no cabe el concepto «paciente», cabe el niño (familia) activo con derechos y obligaciones delante de su salud. Un ejemplo sería la introducción de los padres o cuidadores dentro de las Unidades de Cuidados Intensivos Pediátricos o Neonatales (Puertas Abiertas). Gracias a este tipo de acciones, el núcleo familiar se transforma en un agente de salud que toma parte y entiende los riesgos de cada intervención.
por tanto y como respuesta a la pregunta lanzada como título de esta entrada, solo podemos seguir dando una respuesta. Si hay que culpar a alguien, ese alguien somos todos y por tanto la única forma de reducir la aparición de EA supone olvidarnos de las culpas y encontrar las mejores soluciones en trabajando de forma transdisciplinar.
Dr. Pablo García Molina
Editor upppediatria.org